PERIODISTA (DAVID MANGANA)
La metáfora es sencilla.
Un pentagrama. Un viñedo.
Calles por donde arraiga la semilla de las notas. Calles que mece el dibujo de las viñas.
Casan a la perfección. Como un reflejo. Como la tierra y el cielo.
'Se maridan', diría el cocinero experimentado. Ése que sabe sublimar con su batuta el ritmo de un borboteo. Ése que apura con deleite el sabor del afinado. Los océanos de cepa aceptan con sencillez dejarse hipnotizar por nubes de melodía. Por la música, ése perfecto bien intangible. Ése firmamento de placeres que, como taninos navegando el paladar, escribe partituras y las mece en melódicas barricas. Siempre afinadas. Siempre indescifrables.
Desde hace días, en Rioja Alavesa las calles cuentan con nuevos afluentes. El vino es su tradicional líquido, pero, una vez más, otro ritmo fluye en el cauce. Vid y vida. Txikis y txikitos. Big y a lo grande. Y es que todo es grande por ser primero pequeño. Y en las cosas pequeñas, dicen, reside la grandeza. En la perfección que alcanza su detalle. El Big Band Festival buscaba hospedaje y la Ruta del Vino ofreció su tierra. Sus tierras. Y juntos diseñaron seis días de grados musicales, de música graduada, que, suavemente, con el in crescendo gustoso del boca a boca, del oído a oído, llegan ya al trago final con ganas de redoble. De chopera.
Pero qué rico fue también el primer sorbo...
No hay que descuidar ningún rincón de la huerta. Y el programa Música entre Viñedos sabe cuidar de su orquesta. Por eso ha dedicado a cada uno de sus solistas un guiño, un movimiento de batuta. Leza, Navaridas, Yekora, Barriobusto, Lanciego, Kripan, Elvillar... Todos han bebido ya de la copa. Pero queda sed. Guindi-Jazz. Bandaluse, la Banda Municipal de Labastida, Tobaco Road... Todos han sembrado y han cosechado. Se jugaba a bolos y siempre ha habido strike. Y la pista la han preparado, día a día, una treintena de jóvenes que ha puesto la banda sonora -de mañana a tarde- a la jornada. Una treintena que ensaya de pueblo en pueblo porque sabe que sólo del error se aprende. Niños y veinteañeros que son hermanos por unos días, de piscina en dolmen, de autobús en albergue, con el oído puesto siempre en su concierto en Labastida, que llegará mañana. Y con el ojo, claro, en todo lo que están viendo, en todo lo que están descubriendo. Rioja Alavesa como local de ensayo, como paisaje que les habla y con el que hablan. Que tocan y al que quieren tocar. Rioja Alavesa como probeta que busca escanciar todos los aromas y unirlos a estos hasta ahora desconocidos olores. Rioja Alavesa como movimiento que se niega a la coda. Porque nunca hay final. Y el final, dicen, siempre es bueno. Si no, es que aún no es el final.
Qué rico el primer sorbo. Pero quedan tres por tomar antes del poso. No pensemos más que en el siguiente. Pensemos día a día. Como si cada noche fuera la última y cada mañana la primera. La de hoy viernes lleva a los txitxikis -sabrosa competencia a las chuletillas- a ensayar a Baños de Ebro, y guarda todos los sarmientos de la partitura para quemar la noche en ese fortín protector que es Laguardia.
A Félix María de Samaniego le encantaba la música del violín. Y aunque hoy ninguno sonará en la villa que preside su busto, con la sierra al fondo dibujando su anárquico mantra, el escritor tendría motivos de sobra para fabular con la elegancia de Miguel Zenón Quartet y la Gasteiz Big Band, que se repartirán el movimiento de los pies de quienes elijan conjugar esa puerta al fin de semana que es el viernes con la ventana que da al placer de los sentidos. Música de la buena. De la grande. De la big. De la imborrable. Como esa huella que sigue dejando esta fusión de aprendizaje, arte, deleite del paladar y encuentro de personas en este pequeño universo de Rioja Alavesa.
Hay quien se empeña en ser inconquistable. Y quien se deja la vida en conquistar. Dibujando cepas en pentagramas ávidos y plantando notas en tierra fértil, la Ruta del Vino de Rioja Alavesa quiere ser más grande. Y no se pone ninguna frontera. Pequeños jugando todo a la grande. El gran sueño de disfrutar de lo pequeño. Una cartografía de puentes que cruzan caldos con vientos de swing.
Sólo tres palabras.
Música entre viñedos.
Big Band Festival.
Corchos y corcheas.
Un pentagrama para un viñedo.
No pierdan la oportunidad de jugar a la música.
De pasar el dedo por el borde de esta copa.